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Si no los conoce previamente quizás desee saber más sobre los weimaraners. Confiamos en que aquí encuentre algunas respuestas. El Weimaraner o Braco de Weimar. Por Ricardo Gascó. Esta raza, bastante desconocida en general es, sin duda alguna, el mejor exponente de la excelencia en un animal en la actualidad, aunque sea tan sólo porque el reducido número de criadores hasta la edad moderna ha permitido mantener unos estándares muy ajustados para la misma, especialmente en lo que respecta a sus capacidades venatorias y a sus facultades, que lo hacen un animal tremendamente polifacético y apto para desempeñar casi cualquier trabajo que deseemos. La raza en si tiene unos orígenes oscuros, ya que durante siglos fue criada únicamente por un muy reducido grupo de familias (apenas media docena) de la nobleza alemana con la doble finalidad de cazar en sus predios y acompañar y proteger a sus vástagos, así pues, las primeras noticias que se tienen de los weimaraners se limitan a su aparición en las escenas de caza y palaciegas de determinados tapices e ilustraciones medievales de allá por el siglo XII... y la existencia de la raza se puede rastrear hasta el siglo XVIII prácticamente tan sólo por indicios de este tipo. Desde el siglo XVIII existe constancia de su cría por el Gran Duque Karl August de Weimar de cuyos registros se desprende qué conoció la raza mientras cazaba en la finca del Principe Esterhazy e Aversperg de Bohemia que ya poseía este tipo de perros. Prendado por su fuerza, valor y resistencia decidió desarrollar la raza y, cómo poderoso aristócrata, dictó a quien se le permitía cazar con o poseer a uno de estos excepcionales animales, restringiendo su posesión tan sólo a la más alta nobleza sin permitir que uno solo se convirtiera en mascota o en animal doméstico, actitud compartida y adoptada por cualquiera que llegase a poseer uno de estos perros y que se mantuvo hasta finales del siglo XIX, llegando incluso al extremo de que a principios del siglo XX la raza era prácticamente desconocida para la inmensa mayoría del pueblo alemán y por completo desconocida para el resto del mundo hasta que en 1929 un americano amigo de un alemán poseedor de varios weimar consigue por mediación de este su inclusión en el weimar club alemán y el permiso para adquirir y exportar algunos ejemplares, no obstante el boom de la difusión de los weimaraners ocurre ya transcurrida la segunda guerra mundial y con el establecimiento de las fuerzas de ocupación aliadas en Alemania, cuando algunos oficiales y soldados de los cuerpos expedicionarios inglés, norteamericano y canadiense aficionados a los perros e incluso en algún caso miembros de los Kennel club de sus respectivas naciones “descubren” la raza y no paran hasta hacerse con algunos ejemplares y difundir la raza en sus propios países. Aparte de su exclusividad y su romántica historia, a favor del Weimaraner puede decirse que es un perro extremadamente inteligente, potente, duro, devoto de su amo y protector con la familia del mismo, con especial atención a los más pequeños de la casa, de un olfato no ya excelente si no tan extremadamente bueno que posiblemente sea la raza con mejor “nariz” de las existentes en la actualidad (y buena muestra de ello es, por ejemplo, que tras el desgraciado accidente del transbordador espacial Discovery, fueron weimaraners adiestrados en la búsqueda de restos los que recuperaron los últimos de estos meses después del accidente cuando los tradicionales sabuesos tras batir concienzudamente el terreno ya no eran capaces de encontrar ningún resto más y los ingenieros de la NASA insistían en que aún no se habían recuperado la totalidad de los mismos). Son perros potentes, grandes y altos (59 a 70 cm a la cruz y de 30 a 40 kg los machos; 56 a 65 cm a la cruz y de 25 a 35 kg las hembras según el estándar de la raza) y por lo tanto buenos comedores, de cabeza moderadamente larga con el occipital algo marcado y un stop moderado, trufa de gris a hígado oscuro, maxilares fuertes y con un cierre de tijeras perfecto, labios y encías rosados, ojos ligeramente oblicuos por lo general de color ámbar y ocasionalmente gris azulados (completamente azules de cachorros, comienzan a cambiarles sobre los cuatro meses de edad) de expresión aguda e inteligente, orejas largas y de implantación alta, con tendencia a doblarlas hacia adelante para expresar atención, cuello bien definido, sin papada y ligeramente arqueado en la parte superior, manos rectas y fuertes, tórax bien desarrollado y profundo, hombros marcados, abdomen firme y recogido, con la cola implantada algo baja respecto a la línea de la espalda, robusta y bien cubierta de pelo, capa corta, dura y tupida, salvo en los ejemplares de capa larga, en la que es sueve y sedosa, bien adherida y colores gris plateado, gris venado o gris ratón, más claro en cabeza y orejas y ocasionalmente pequeñas manchas blancas en el pecho. De hecho los weimaraners no suelen dejar pelo, nuestra Reyu tan sólo deja pelo dos semanas al año: el cambio de primavera a verano y el de otoño a invierno. El resto del año uno se entera de que tiene perro en casa cuando revisa a fondo la barrida o la bolsa de la aspiradora. También son bastante alergénicos: tenemos un familiar con alergia a perros y gatos que normalmente no puede estar más de unos minutos en una habitación en que haya o haya habido uno de estos animales y ayer mismo vino a casa con sus hijos para que viesen a los cachorros, tras estar rodeada de perra y cachorros toda la tarde y descubrir que no le afectaban, finalmente se quedaron a cenar y aún hicimos una buena sobremesa. Para cuando se fueron, cerca de la media noche, apenas se le habían enrojecido un poco los ojos. Los weimis están habituados a vivir dentro de casa (se criaban en los palacios de la nobleza alemana y convivían con la familia) y si se confinan en soledad o en ausencia de personas la mayor parte del día languidecen y pueden llegar a enfermar e incluso morir... o transformarse en auténticos diablos vengativos capaces de las mayores barrabasadas en venganza por haberlos dejado solos (mi weimar Reyu jamás royó ni mordisqueo ni un mueble ni una miserable zapatilla, nada de nada... hasta el primer día que pasó sola en casa casi quince horas porque por problemas de trabajo nos fue imposible tanto a mi mujer cómo a mi regresar antes de las diez de la noche desde las siete de la mañana: con apenas seis meses se las ingenió para abrir la puerta de la terraza, entrar en casa, llegar al comedor y rajar el sofá de lado a lado destripandolo por completo... y se sentó encima a esperarnos desafiante cómo diciendo “¿no habéis venido, eh?.... pues mirar lo que he hecho”. De entonces a acá jamas a vuelto a roer, morder, romper o destrozar nada. Afortunadamente para ella estaba planificado ya el cambio del sofá para ese mismo mes). Son animales que aceptan muy mal el castigo físico y muy capaces de volver su inteligencia contra nosotros si optamos por ese camino... o de adoptar meramente una postura contraria a nuestros fines aunque les vaya la vida en ello. No lo dude, en cuanto a perros de caza, el peor enemigo que usted se puede hacer es un weimar. En contraposición, agradecen la atención y el reconocimiento del amo hasta extremos incalificables y llegan a hacer por una caricia y una felicitación lo que no harían por un buen pedazo de carne. Por último, son perros que buscan tanto con la nariz al aire, “leyendo” los vientos altos cómo con la nariz al suelo, rastreando, lo que se traduce en que no sólo son capaces de localizar caza en las proximidades, si no que incluso pueden por si mismos localizar piezas lejanas, incluso a cientos de metros de su posición si los vientos son adecuados. Así mismo "cazan de vista" y es muy normal ver al weimar al tiro parado, mirando a ver donde cae la pieza, en lugar de correr alocadamente sin ton ni son. Cómo corolario añadir que no son perros que cacen largo, ni buenos batidores si usted se queda parado en lo alto de una morra ya que, extrañados, acudiran y se sentarán a su lado... lo que sin embargo resulta una ventaja para tirar desde puesto, porque el perro se educa con facilidad para permanecer sentado junto a nosotros sin "salir al tiro" hasta que le damos la orden de que vaya a cobrar. En resumen, si usted no es un propietario experto, si nunca ha adiestrado a un perro sin ponerle jamás la mano encima, si no va a poder vivir el animal con usted en casa, si no va a poder dedicarle todos los días al menos dos largas salidas (de más de media hora cada una y mejor si son de una hora o más) a lugares donde pueda el animal correr y ejercitarse en libertad y, sobre todo, si no es cazador o no está dispuesto a participar en pruebas de Agility, no se convierta en propietario de un weimaraner. Si por el contrario supera todos los requisitos anteriores, piensa utilizar su perro tanto para cazar cómo para cualquier otra actividad física exigente y está dispuesto a descubrir que aún le quedaba mucho que aprender sobre perros, bienvenido “al club” y no vale la pena que siga buscando otras razas, porque los weimis están hechos a su medida. Si se queda en un termino medio y no está seguro de ser capaz de bregar con un weim con garantías de éxito pero aún así y todo no quisiera renunciar a un perro inteligente, duro y gran trabajador opte por cualquier otro braco: el Húngaro, el Alemán, el de Auvernia, etc... De hecho mi padre caza con un Braco de Auvernia, Tim, de casi cuatro años, adquirido con casi dos años ya adiestrado. Si debo elegir una sola palabra para definirlo debo decir que es un autentico “tanque”, capaz de superar cualquier obstáculo, entrar en cualquier mata y bregar con cualquier circunstancia (le he llegado a ver subir a lo alto de un muro de más de dos metros de un salto con tan sólo un ligero apoyo de las patas traseras en un minúsculo resalte a media altura y trepar a una carrasca hasta casi cuatro metros de altura para después saltar desde ella sin ningún miedo) cazador incansable y excelente, pero tan templado cómo para parar las perdices aún teniendolas a la vista y para cazar siempre a la mano sin alargarse jamás... cómo si de un weimi se tratase. |
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